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Tomemos en cuenta que el cuerpo es el único medio que tienen los bebés en un principio para explorar el entorno. A través de éste y de los cinco sentidos conocerán todo lo que les rodea. Podrán manipular, conocer y utilizar los diversos objetos que encuentren con el siguiente orden:
Primero logran localizar a nivel visual o auditivos los estímulos a su alrededor para después lograr coordinar su mirada con la habilidad de sus manos y tomar el objeto.
Al conseguir esto, podrán entonces explorar los objetos para conocer sus características (peso, textura, sabor, sonido, etc.). Después de jugar con los objetos a nivel de exploración y práctica, podrán entonces usarlos con base en la función de los mismos y así comenzar a manifestar el aprendizaje que van adquiriendo del medio.
Conforme los bebés van integrando los reflejos, creciendo y madurando son capaces de desplazarse para interactuar con el entorno de manera activa, es decir, con intenciones claras en las que la causa y el efecto son de vital importancia para que, a través de la repetición, él vaya entendiendo cómo funcionan todos los elementos y estructuras a su alrededor.
El manejo, control y destreza del cuerpo con los que cuente un niño en el espacio dentro del cual se desenvuelve, serán muy importantes para determinar el tipo de experiencias que vivan ya que la calidad de los movimientos que presenten, dependerá de estos factores.
Es entonces claro que si un niño presenta cierto retraso o alteración en su sistema motor, su desarrollo se verá afectado.
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Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza. Aprendemos unos de los otros; convivimos, intercambiamos ideas, pensamientos y compartimos momentos cargados de expresiones emotivas a través de los cuales nos vamos conociendo e identificando para pertenecer a distintos grupos sociales.
Esta comunicación se puede dar a través de diferentes tipos de lenguaje (escrito, oral, corporal, señales, sonidos, etc.) pero hay algo que nunca cambia y es el hecho de que el lenguaje, en cualquiera de sus presentaciones es arbitrario, es decir con un significado determinado que tenemos que aprender y debemos consolidar a través de la práctica.
De manera paralela, la comunicación es el medio a través del cual los niños, desde bebés, reciben información.
Al momento de nacer, la comunicación con los padres es a través del contacto físico, con masajes, caricias, mimos, etc. Con mucho cariño y cuidado nos ocupamos de que todas sus necesidades estén cubiertas, dándoles asi a entender que los amamos y les brindamos una estructura externa de horarios y rutinas que le dan información sobre el entorno.
Conforme van desarrollándose y emitiendo diversos sonidos ante diferentes situaciones, los vamos conociendo y entendiendo para saber qué necesitan (comer, cambio de ropa, cambio de pañal, cubrirse del frío, molestias o dolor o simplemente apapacho y ganas de jugar). Para este momento ellos están también comunicándose y la forma en la que les respondamos será la pauta para que ellos vayan tomando seguridad para utilizar dichos sonidos de manera voluntaria consolidando así poco a poco la emisión del lenguaje expresivo.
Ya cuando los niños entran en un franco desarrollo del lenguaje verbal, aspectos como el contacto visual, la toma de turnos, el balance en la comunicación y la cercanía afectiva, juegan un papel de vital importancia ya que sientan las bases para un adecuado uso del lenguaje.
Cuando un niño comienza a expresarse verbalmente pasa por diversas etapas, dentro de las cuales la forma en la que los modelemos, corrigamos y estimulemos marcarán el orden, la claridad y complejidad con la que ellos se expresen.
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